Delhi - डेल्ही 29 de febrero de 2008
La primera en la frente: en el Amax se han olvidado de nuestra reserva. Además se han llevado a nuestro conductor a un cuarto detrás del mostrador y ha tardado en salir. No sabemos qué le habrán dicho pero nos empieza a parecer todo un poco raro. Luego el recepcionista nos ha ofrecido ir a otro hotel justo en frente cuyos dueños son familia. Nada lujoso pero aceptable para nuestro presupuesto. Dos camastros bien duros, baño sin luz, una ducha sin plato, mucho ruido en la calle y un lagarto en el techo al que bautizamos como Banak, por lo del logo de la empresa de muebles. Decidimos dejarle a sus anchas por si tiene que deshacerse de algun mosquito. Debe de haber un colegio cerca porque oimos niños.
Ya estamos en el control de pasaportes. Nos los han mirado y remirado. El aeropuerto se encuentra en un lamentable estado y hay obras por todas partes. Nos dirigimos a una cinta transportadora donde se supone que va a aparecer nuestro equipaje. Ya nos han hecho cambiar de cinta dos veces. Antes de salir al exterior decidimos ir a cambiar euros por rupias. Hay dos casas de cambio. Nos decidimos por la primera y conforme llegamos al mostrador se va la luz. El tipo me pide el pasaporte y lo mete en la fotocopiadora, en ese momento no caigo de que sin luz no se puede fotocopiar. Nos da la pasta y justo cuando estamos a punto de irnos me vienen a la cabeza las mil y una advertencias de la guia de viaje sobre el robo de pasaportes. Menos mal que me he acordado y se lo he pedido , porque podría haber tenido problemas serios.
Salimos al exterior y vemos toda una multitud a ambos lados del pasillo de salida con carteles con nombres escritos. Nati distingue a nuestro chófer y le seguimos. De repente aparecen dos tipos y cargan con nuestros bultos. Vienen con el chófer, pienso yo. Error, cargan las mochilas en el coche, y extienden la mano. Nosotros, pardillos aún, les soltamos un dólar cada uno. 80 rupias de propina! Nos subimos al coche e intentamos salir del destartalado aeropuerto, pero un policía nos lo impide. Parece que 'Candilla', así es como se hace llamar el conductor, ha tenido que pagar unas tasas para salir.
Nada más abandonar el recinto aeroportuario, la India nos golpea de frente. La gente viviendo en los margenes de la carretera, la miseria, el polvo, el tráfico tan caótico... Parece que aquí conducen haciendo sonar el claxon para advertir a los demás de su presencia. Es un ruido constante, molesto, que habrá de acompañarnos todo el tiempo día y noche. No parece haber ningún tipo de orden en lo que a conducción se refiere, el primero que llega es el primero que pasa. Conforme nos vamos adentrando en la ciudad para llegar a Pahar Ganj, lugar que hemos elegido para pasar dos noches, se me cae el alma a los pies. El lugar está en frente de la estación y es un hervidero de gente que deambula por las calles convertidas en un mercadillo sin fin. Las casas se ven ruinosas entre una maraña de cables de tendido eléctrico colgando. Ni rastro de turistas. Entramos en la calle Askarsham y después de preguntar varias veces llegamos al hotel Amax.
Después de descansar un rato nos vamos a visitar India Gate. El tráfico es imposible. La polución se nota en el ambiente y se hace raro respirar. Más tarde hemos visitado un mercado tibetano en Janpath. Candilla dice que su jornada acaba a las 7 así que nos deja en Connagh Place y se pira. Cenamos en un restaurante que debe ser de lo mejorcito. He pedido un pollo tandoori y picaba tanto que me saltaban las lágrimas. Llevo los labios como Esther Cañadas. Problema: Nati no soporta el picante. Para volver hemos cogido un rickshaw. El trayecto ha sido de infarto, pero el octogenario conductor iba tranquilo como si tal cosa
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