martes, 16 de diciembre de 2008

Jaipur - जयपुर 03/03/2008

Jaipur - जयपुर 03/03/2008
Hemos quedado con Khandilla a las 8 de la mañana y como siempre llegamos tarde. Como no hay agua caliente en la casa decido no ducharme hoy. Después de desayunar nos ponemos rumbo al fuerte de Amber. Ya vemos a los turistas dispuestos a subir hasta el fuerte en elefante. A nosotros la experiencia de subir en elefante no nos seduce en absoluto así que optamos por el coche. A medio camino de la ascensión paramos a visitar un precioso templo hindú dedicado a Shiva y Rama. Como siempre entramos descalzos por respeto. Dentro hemos hecho la bendición del fuego.

Continuamos hacia el fuerte y conforme accedemos al recinto ya hay lugareños dirigiendose a nosotros en nuestro propio idioma para ofrecernos cualquier cosa. Debe ser que se nos nota en la frente de qué país venimos. Se nos ofrece un guía por 200 rupias pero el suegro de Manshat nos acopla a un guía con el que habíamos coincidido en el templo hindú. La visita ha sido muy fructífera y hemos aprendido mucho acerca de la historia del fuerte y sus moradores.

Al finalizar la visita hemos dado 100 rupias a nuestro guía de acople, y hemos tenido que insistir para que las aceptara. También hemos pagado todos los tickets de entrada de Manshat y su suegro, que tienen precio reducido por ser indios. Nos metemos en el coche y tomamos rumbo a Jaigarth Fort; se trata de otra fortaleza desde donde se admiran vistas impresionantes de la ciudad. En lo alto se puede ver el que dice ser el cañón mas grande del mundo.

Hace un calor de muerte, pero continuamos en coche hasta otra fuerte llamado Nahegarth Fort, mucho más bonito que el anterior y con vistas igualmente espectaculares sobre la ciudad de Jaipur. Bajamos de la colina de la fuertes y buscamos un restaurante en las afueras de la ciudad para invitar a nuestros anfitriones a comer, incluyendo a Khandilla. Entramos en uno al que parecen llevar a todos los extranjeros que bajan del fuerte. He pedido un thali riquísimo pero tanta cantidad de comida no la he podido terminar.

Volvemos a casa a descansar un rato hasta las 17.30, hora en que partimos de nuevo en coche hacia otro maravilloso templo hindú de marmol blanco dedicado a Visnú. Al terminar la visita discutimos con el chófer porque se quiere ir a casa y nosotros insistimos en que hemos pagado por tenerle a jornada completa. Después de un par de llamadas para aclararlo con su jefe, recogemos a la suegra y los 6 metidos en el super Tata ponemos rumbo a un resort de atracciones típicas de Rajastan, llamado Chokhi Dahni. Nos ha costado horrores llegar, primero para salir del atasco monumental de la ciudad y luego la carretera parecía interminable, a tope de tráfico de camiones y polución que se veía flotar en el ambiente.


Ha merecido la pena, por 275 rupias cada uno hemos disfrutado de una noche inolvidable. Hemos subido en camello, en elefante, nos hemos tatuado las manos con henna, y dado masaje en la cabeza. Hemos visto danzas y escuchado música típica rajastaní y como colofón nos han servido una cena típica al aire libre compuesta por thali en la que cada cuenco picaba más que el anterior. La única bebida servida era agua de unas jarras que llevaban los camareros, así que las opciones son morir con la garganta abrasada o beber el agua disponible. A las 11 de la noche salimos y buscamos a Khandilla, que aparece en un bar cercano un tanto mosqueado. La vuelta a casa nos impacta al ver a tantísima gente durmiendo en la calle o sobre sus rickshaws.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Jaipur - जयपुर 02/03/2008

Jaipur - जयपुर 02 de marzo de 2008


Nos levantamos a las seis de la mañana. Recogemos nuestras cosas y nos vamos a desayunar al hotel Amax aprovechando que queremos reservar una noche para el día 20 cuando volvamos a Delhi. Nos han enseñado la habitación y es igual que la del hotel en el que hemos dormido.

El desayuno, servido en la terraza del edificio, ha tardado una eternidad.


Abandonamos Delhi a las 8 y pico de la mañana rumbo a Jaipur, la ciudad rosa. La autopista ha sido uno de los platos fuertes del día: coches adelantando por el carril de servicio o por el arcen de arena, camiones cruzados intentando cambiar de sentido, poblados enteros junto a la carretera convertidos en talleres mecánicos, camellos, gente rescuerdandose del calor bajo los remolques de los camiones... En un intento por avanzar algo dentro de semejante atasco, los coches y motos nos vamos adelantando sin mirar quien viene por uno u otro lado.


Vamos tan pegados que muchos de los coches llevan los retrovisores laterales plegados o directamente no llevan. Aquí lo que importa es tener una buena bocina y hacerla sonar todo el tiempo. Incluso todos los camiones llevan escrito en la parte trasera "blow horn" invitando a tocar la bocina si vas a adelantar.



Después de 4 horas y 200 km, llegamos a Jaipur. Kandilla nos pregunta dónde nos vamos a alojar y le decimos que en casa de unos familiares de Manoj, el cliente de Nati. Para contartar con ellos hay que localizar primero al jefe de Kandilla, y cuando ya estaba yo pensando dónde podríamos pasar la noche ha conseguido contactar con él. Nos ha llevado por callejuelas atestadas de vacas, gente, cerdos, monos, hasta una bonita casa con vistas al fuerte de Amber. Nos presentamos y la encantadora familia de Manoj nos acoge y prepara té con pastas.



Media hora después quedamos con Kandilla y vamos a visitar el City Palace. Manshat pide permiso a su suegro para venir con nosotros, y como no puede salir sola segun costumbres locales, éste último nos acompaña también. El palacio es una maravilla y allí nos cruzamos con bastantes turistas. Manshat nos ha hecho de guía. Luego hemos ido a ver el Albert Hall Museum, una preciosidad de edificio caído un poco en el olvido y donde parecen haberse dado cita todas las palomas del mundo.

Seguimos nuestra visita por el centro de la ciudad hasta llegar a uno de los cines más conocidos de Jaipur. Nos planteamos entrar a la sala a ver un rato la peli, pero la cola para sacar la entrada es infinita y la gente no para de observarnos. Parecemos la atracción del momento. Finalmente cambiamos de planes y en una calle adyacente compramos unas bebidas. En seguida nos vemos rodeados de niños parias pobres como ratas que se nos pegan hasta que el suegro de Manschat los espanta al grito de chaló, chaló. Cogemos un taxi de vuelta a casa y descansamos hasta las 8 de la tarde, hora en que nos dirigimos caminando hacia el templo. Instantes después han aparecido en sendas motos unos amigos de Manschat, Sunil y Momo , y se han ofrecido a llevarnos de paquete. La experiencia ha sido alucinante, atravesando en moto callejuelas iluminadas tan sólo por la luz de alguna hoguera, hasta llegar al recinto del templo.
El ambiente místico lo envuelve todo: la luz, el olor del incienso, los cánticos, la gente... Nos dejamos conducir hasta la parte trasera del templo, y allí en una especie de altar menor nos descalzamos, hacemos sonar la campana, tocamos el suelo y nuestro pecho, y un sacerdote nos entrega algo blanco y dulce que debemos comer, y en la otra mano vierte un poco de un liquído parecido al almíbar que debemos beber. Volvemos a la parte del templo donde la mayoría de fieles se encuentran congregados. Nos descalzamos de nuevo sobre mármol blanco y frío y nos mezclamos con la multitud que a una sola voz entona sin cesar el hare ram, hare ram, hare krishna hare ram. Por el rabillo del ojo distingo una cucaracha perdiendose entre los pies de los fieles.
De repente se abren las puertas del altar y el momento mágico alcanza su clímax. Imitando al resto, nos cruzamos las manos sobre el pecho y rendimos culto a los dioses representados por dos figuras de color egro y grandes ojos adornadas con guirnaldas de color naranja. Mientras un sacerdote hacía sonar un gong , otro se afanaba con el ritual del fuego sagrado.
Volvemos a casa en moto. Manschat ha querido mostrarnos y hacernos partícipes de su propia ofrenda diaria al dios Ganesha, en una especie de hornacina ubicada en lo que parece ser el hueco de una pila de lavar. Después, mientras tomamos un chai, han querido compartir con nosotros el vídeo de su boda, con toda la parafernalia que una boda hindú conlleva. Se nos ha hecho eterno. Tras la cena, en la que según tradición no ha estado presente la madre, nos vamos a la cama. Estoy agotado pero ha sido un día tan intenso en cuanto a experiencias que no consigo pegar ojo. El calor, el chai y los mosquitos me lo impiden también.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Delhi - डेल्ही 01/03/2008

Delhi - डेल्ही 1 de marzo de 2008
Amanecemos con un calor sofocante en nuestra segunda jornada en Delhi. A las seis de la mañana el ruido de la calle nos impedía ya dormir. A las ocho hemos caminado hasta Main Bazaar a petición de Nati en busca de una german bakery.

Nos hemos perdido por callejuelas estrechas rebosantes de actividad y los lugareños nos miraban extrañados. Finalmente hemos salido de ese laberinto de calles y pasadizos y hemos encontrado el hotel Ajay y su pastelería alemana. El desayuno ha merecido la pena tanta caminata. El ambiente es de turistas mochileros. La vuelta a nuestro hotel por calles y avenidas más concurridas ha sido un infierno. Parece que todas las moscas de la India se han dado cita hoy aquí.


Al llegar al hotel, ya nos esperaba Candilla para ir a visitar la mezquita más grande del mundo, la Jama Masjid. Por primera vez hemos tomado un ciclorickshaw hasta la entrada porque en coche no se puede acceder. En la entrada somos conminados a quitarnos los zapatos para entrar y a pagar 200 rps por entrar con una cámara de fotos. Lo mejor ha sido la vista sobre Delhi desde lo alto del minarete. Por cierto que hay un cartel que dice que las mujeres sólo pueden subir al minarete si van acompañadas de un hombre. Nati se ha indignado.


Salimos del recinto de la mezquita y nos dirigimos caminando hacia la fortaleza Red Fort. Atravesar el mercadillo que hay entre ambos lugares ha sido toda una experiencia. Gente a raudales y olores de todo tipo que prefiero obviar. Una vez dentro del fuerte nos hemos cruzado con una excursión de niños de clase alta que nos decían hola al pasar junto a nosotros y a Nati incluso le daban la mano. Ha sido una experiencia preciosa. También nos hemos cruzado con 4 travelos vestidos con saris. Se trata de una casta de trasvestidos.

Volvemos al Chadni Chowk en busca de un sitio para comer que recomienda la guía. De camino hay un templo jainista y decidimos entrar. Sin zapatos comenzamos a deambular por el recinto y luego subimos a una especie de hospital de aves en la primera planta. Nati no ha querido continuar y a mí al ver todas aquellas palomas y pájaros moribundos me ha entrado un ataque de pánico y he salido corriendo. ¡Madre mía! En el ambiente casi se percibía el virus de la gripe aviar.

Continuamos recorriendo la arteria principal del Chadni Chowk en busca de un restaurante recomendado en la guía. Se trata de una especie de fast food de comida india hasta los topes de gente donde a duras penas me he hecho entender. Primero pagas lo que quieres tomar y luego te lo sirven en otro mostrador. Hemos compartido mesa con un par de chicos muy agradables que se han querido hacer una foto con nosotros. Por supuesto no han tardado ni cinco dos minutos en preguntar si estábamos casados.

Más tarde hemos convencido a Kandilla para que nos llevara a un campo de refugiados tibetano a las afueras de Delhi. Después de dar mil vueltos y de arreglar en un santiamén un pinchazo de una rueda lo hemos encontrado. Es un sitio muy tranquilo de habitantes de ojos rasgados muy amables. Hemos callejeado un rato y hecho algunas compras, como un par de anillos de plata en la tienda de un nepalí muy guapo y simpático.

De vuelta en el hotel nos hemos duchado y más tarde nos hemos marchado andando hasta Main bazar para que Nati comprara un bolso que había visto el día anterior. Al doblar una esquina ha aparecido de repente una especie de príncipe a lomos de un caballo blanco y se nos ha quedado mirando. Ya en el bazar, he tenido que espantar a dos tipos que me ofrecían hasch, hasch y good stuff amenazando con avisar a la policía. Luego hemos cogido u rickshaw conducido por un sij hasta Connaugh Place y nos ha cobrado 20 rupi. Increíble. Cuando tratas con sijs sabes que no te están timando. La cena en el restaurante ha costado 1260 rps pero merecía la pena por las cervezas de 650ml y el brownie de postre.

Delhi - डेल्ही 29/02/2008

Delhi - डेल्ही 29 de febrero de 2008


Ya estamos en el control de pasaportes. Nos los han mirado y remirado. El aeropuerto se encuentra en un lamentable estado y hay obras por todas partes. Nos dirigimos a una cinta transportadora donde se supone que va a aparecer nuestro equipaje. Ya nos han hecho cambiar de cinta dos veces. Antes de salir al exterior decidimos ir a cambiar euros por rupias. Hay dos casas de cambio. Nos decidimos por la primera y conforme llegamos al mostrador se va la luz. El tipo me pide el pasaporte y lo mete en la fotocopiadora, en ese momento no caigo de que sin luz no se puede fotocopiar. Nos da la pasta y justo cuando estamos a punto de irnos me vienen a la cabeza las mil y una advertencias de la guia de viaje sobre el robo de pasaportes. Menos mal que me he acordado y se lo he pedido , porque podría haber tenido problemas serios.


Salimos al exterior y vemos toda una multitud a ambos lados del pasillo de salida con carteles con nombres escritos. Nati distingue a nuestro chófer y le seguimos. De repente aparecen dos tipos y cargan con nuestros bultos. Vienen con el chófer, pienso yo. Error, cargan las mochilas en el coche, y extienden la mano. Nosotros, pardillos aún, les soltamos un dólar cada uno. 80 rupias de propina! Nos subimos al coche e intentamos salir del destartalado aeropuerto, pero un policía nos lo impide. Parece que 'Candilla', así es como se hace llamar el conductor, ha tenido que pagar unas tasas para salir.


Nada más abandonar el recinto aeroportuario, la India nos golpea de frente. La gente viviendo en los margenes de la carretera, la miseria, el polvo, el tráfico tan caótico... Parece que aquí conducen haciendo sonar el claxon para advertir a los demás de su presencia. Es un ruido constante, molesto, que habrá de acompañarnos todo el tiempo día y noche. No parece haber ningún tipo de orden en lo que a conducción se refiere, el primero que llega es el primero que pasa. Conforme nos vamos adentrando en la ciudad para llegar a Pahar Ganj, lugar que hemos elegido para pasar dos noches, se me cae el alma a los pies. El lugar está en frente de la estación y es un hervidero de gente que deambula por las calles convertidas en un mercadillo sin fin. Las casas se ven ruinosas entre una maraña de cables de tendido eléctrico colgando. Ni rastro de turistas. Entramos en la calle Askarsham y después de preguntar varias veces llegamos al hotel Amax.


La primera en la frente: en el Amax se han olvidado de nuestra reserva. Además se han llevado a nuestro conductor a un cuarto detrás del mostrador y ha tardado en salir. No sabemos qué le habrán dicho pero nos empieza a parecer todo un poco raro. Luego el recepcionista nos ha ofrecido ir a otro hotel justo en frente cuyos dueños son familia. Nada lujoso pero aceptable para nuestro presupuesto. Dos camastros bien duros, baño sin luz, una ducha sin plato, mucho ruido en la calle y un lagarto en el techo al que bautizamos como Banak, por lo del logo de la empresa de muebles. Decidimos dejarle a sus anchas por si tiene que deshacerse de algun mosquito. Debe de haber un colegio cerca porque oimos niños.
Después de descansar un rato nos vamos a visitar India Gate. El tráfico es imposible. La polución se nota en el ambiente y se hace raro respirar. Más tarde hemos visitado un mercado tibetano en Janpath. Candilla dice que su jornada acaba a las 7 así que nos deja en Connagh Place y se pira. Cenamos en un restaurante que debe ser de lo mejorcito. He pedido un pollo tandoori y picaba tanto que me saltaban las lágrimas. Llevo los labios como Esther Cañadas. Problema: Nati no soporta el picante. Para volver hemos cogido un rickshaw. El trayecto ha sido de infarto, pero el octogenario conductor iba tranquilo como si tal cosa

India y Nepal: crónica de un viaje. ------------- इंडिया य नेपाल

28 de febrero de 2008. Salida desde el aeropuerto de Alicante.

Con las prisas me he dejado el móvil en casa y no tengo forma de lozalizar a Nati, mi compañera de viaje. Pregunto en el mostrador de British si se ha presentado. Se agota el tiempo límite de facturación. Intento averiguar su téléfono llamando a su oficina de la caja. Por fin consigo el número sólo para comprobar minutos después que lo tiene apagado. Me pasan por la mente todo tipo de pensamientos negativos, aunque trato de no perder la calma y me repito una y otra vez que en el peor de los casos podré esperarla en Londres.

Por fin aparece de la mano de su chico como si tal cosa. Reprimo un impulso de estrangularla. Facturamos y nos dan asientos separados por llegar los últimos. Toda una premonición.
Preguntamos a una amable señora si nos quiere cambiar el sitio y nos dice que ni hablar, ya se sabe que la gente en los aviones cuanto más delante mejor. Al segundo intento, lo conseguimos. Despegamos. Nuestra vecina de pasaje se acaba de calzar un vodka on the rocks.

Llegamos a Gatwick. El autobús que nos habían dicho que enlazaba Gatwick con Heathrow de forma gratuita resulta que ya no lo es desde hace unos años. Por el módico precio de 20 pounds cogemos un tren hasta Victoria Station, donde dejamos las mochilas en un locker por el módico también precio de 6 pounds. Londres es un atraco allá donde vayas, así que nos dirigimos a Harrods. Pasamos el resto de la tarde pateando la ciudad, hasta la hora de coger el metro de camino a Heathrow. Va hasta el culo de gente y la espalda me está matando.

Por fin llegamos a la T3 y hacemos cola junto a un montón de sudafricanos cargados de bultos hasta la bandera. Nos atiende un negrito con mucha pluma de la Virgin Atlantic y nos da un par de asientos estupendos junto a la salida de emergencia. Podré estirar las piernas.

La ley de Murphy es clara en lo que a vuelos transoceánicos se refiere. No importa donde vayas sentado, siempre hay un niño odioso cerca de ti con la intención de no dejarte pegar ojo. Y la segunda parte de la ley: cuando quede menos de una hora para llegar a destino se quedará dormido.
Aterrizamos en Delhi a la 8 de la mañana. Ojeras hasta el suelo.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Vuelve muchas veces

Vuelve muchas veces y tómame,
sensación amada, vuelve y tómame
cuando despierta la memoria del cuerpo
y un viejo deseo cruza de nuevo la sangre,
cuando los labios y la piel recuerdan
y sienten las manos como si volvieran a tocar.

Vuelve muchas veces y tómame en la noche
cuando los labios y la piel recuerdan...

Kavafis