domingo, 8 de febrero de 2009

Agra आगरा 05/03/2008

No hemos consegudo levantarnos a las 6 de la mañana para ver el Taj con la bruma matinal. El resfriado me tiene cada vez más cansado. Después de ducharnos hemos dejado las mochilas preparadas en recepción, hemos desayunado y hemos ido a sacar las entradas para el Taj. La cola de gente es considerable y hay una fila de hombres y otra de mujeres. La de mujeres avanza más rápido porque a los tíos nos cachean con más vehemencia. También he tenido que dejar mi mochila en taquilla y no me han dejado pasar ni la guía de viaje. Me sorprende que la taquilla sea gratuita.
Tras pasar el control de seguridad nos encaminamos hacia la puerta principal y allí... Por Shiva y Ganesh! Se me ha puesto la piel de gallina al verlo al fondo, el monumento más grandioso de la India. Es impresionante, majestuoso. Cientos de turistas nos disputamos el espacio en busca de la mejor instantánea desde el mejor ángulo. Conforme nos acercamos al mausoleo nos dan unos cubrezapatos de tela para poder entrar a ver las tumbas de la sultana y su hijo. Cada detalle es impresionante: los versos coránicos tallados en el mármol, los dibujos florales de vivos colores, la cúpula inmensa, el río Yamuna al fondo...

Después de dos horas de visita decidimos volver al hotel a por las mochilas. Antes de subirnos a un ciclorickshaw, entramos en el cibercafé y reservamos hotel en Orccha. Después nos llevan pedaleando hasta el punto de encuentro con Khandilla y nos quedamos esperándole.
El problema es que dos turistas con mochilas esperando mucho tiempo en el mismo sitio son carne de cañón. Vendedores, conductores, pobres, niños comienzan a acercarse para averiguar si necesitamos algo, o si queremos desprendernos de unas monedas. Nati ha sacado uno de los dulces que la familia de Manoj nos dió ayer y en seguida nos hemos visto rodeados por los cuatro costados de un enjambre de niños hambrientos. "hallo ruppi, hallo ruppi". He aprendido que para hacer que se vayan hay que decir "chálo , chálo!"

Por fin llega Khandilla y abandonamos Agra camino de Orccha. Pensábamos que llegaríamos al atardecer a Orccha, pero por lo visto no hemos calculado bien la distancia y el viaje se ha hecho eterno. La carretera es espantosa y no es posible avanzar a buen ritmo. Si hubiera algunos baches más sería directamente un camino forestal. No me sorprende que hayamos tenido otro pinchazo en una rueda. Khandilla la ha cambiado por la de repuesto y en el siguiente pueblo paramos en lo que parece un taller mecánico. El atractivo dueño se ha puesto manos a la obra. Mientras, unos polis comienzan a hacernos señas desde el otro lado de la carretera y nos ponemos algo nerviosos. Finalmente uno de ellos ha venido y le ha pedido los papeles a Khandilla. Creo que lo que de verdad quería es ver a una mujer occidental de cerca.
Reanudamos la marcha y tras cruzar la caótica Hansi, llegamos por fin a Orccha ya de noche. Hemos tenido que preguntar varias veces para encontrar el hotel que se supone es un palacio.
Una vez en el lugar nos dirigimos a la recepción y el chico nos dice que sólo tiene disponible la Suite Majarani por 3900 rupias. Le decimos que habíamos hecho una reserva unas horas antes y el señor accede a dejarnos la suite por el precio de la habitación normal a condición de no decir nada a ningún huésped y salir pronto por la mañana.
Menuda Suite comparada con los hoteles en los que hemos dormido hasta ahora. La verdas es que nos la merecemos después de una jornada tan dura. Está extremadamente limpia, y es tan espaciosa que no oigo a Nati desde el baño, que dispone de una bañera de mármol enorme. Después de una ducha relajante salimos al restaurante del hotel e invitamos a Khandilla a cenar con nosotros. El camarero parece extrañado. La cena está exquisita y al acabar, Khandilla se suelta un eructo con todo naturalidad. Nati y yo nos miramos como pensando que debe ser costumbre local. Nos despedimos de él y nos acostamos.

No hay comentarios: