miércoles, 7 de enero de 2009

Fathepur Sikri फठेपुर सिकरी 04/03/2008

Son las 8 de la mañana y tan sólo he conseguido dormir dos horas. Al resfriado que he pillado a causa del aire acondicionado del coche, he de sumar la diarrea que me ha dado a las 4 de la mañana motivada seguramente por la cena de ayer regada en su totalidad con agua sin embotellar. Cuando me acoste tenía ganas de devolver pero no pude. No he podido desayunar y la familia de Manoj me ha dado a beber un brevaje de color verde y sabor a menta que se supone debe aliviarme. También nos han hecho un regalo a cada uno y nos han cargado con un montón de paquetes para Manoj. Ahora sí que vamos bien cargaditos y llevamos tan sólo 5 días de viaje. Nosotros hemos regalado a la suegra de Manshat el collar que compré en el campamento tibetano de Delhi. Nati le ha plantado dos besos para despedirse y se ha quedado muy sorprendida.

Salimos en coche hacia Agra y a media mañana nos desviamos hacia un pueblecito llamado Abhaneri, donde nuestro chófer tiene un amigo. Nada más llegar se nos acerca un guía supuestamente oficial y documentado con un folio con sus datos y foto y nos pide 100 rupias por la visita. Rehusamos de sus servicios. Entramos en el recinto del templo y se nos acerca una señora harapienta y ajada que nos hace señas al grito de 'come' come'. Nos hace de guía alrededor del templo pero la pobre sólo acierta a decir los nombres de los dioses tallados en la piedra al tiempo que señala con el dedo: Shiva, Govind, Gopala, Rhama... Al finalizar la curiosa visita 'guiada' nos pide dinero y le doy 10 rupias. Hace un gesto de desaprobación con la cabeza y subo mi oferta a 20.

Justo al lado del templo está el palacio ciudadela. Entonces aparece el amigo de Khandilla y me hace de guía. Nati no aguanta el calor y se queda a la sombra. Yo quedo impresionado por la belleza y espectacularidad del sitio. El chico me explica que un rey mandó construir el palacio para abastecerse de agua pero un día las aguas del río comenzaron a cambiar su curso y ante la sequía tuvieron que abandonar el lugar. Al salir me dice que le pague lo que estime conveniente y le doy 50 rupias. En seguida nos vemos rodeados por un grupo de niños pidiendonos jabón.

Continuamos en coche durante más de una hora atravesando el medio rural, para acabar saliendo a una carretera más transitada. Al atardecer llegamos a Fthepur Sikri y comienza el bombardeo de ofertas de restaurante, rickshaw, guías, etc. Como en todos los enclaves turísticos, no se puede llegar hasta la puerta en coche así que nos vemos obligados a subirnos en un tuk-tuk que parece que se cae a pedazoa. Nos ofrece llevarnos a un restaurante y nos lleva por un camino de mala muerte hasta una casa en la que no hay ni un alma. Le decimos que dé media vuelta y nos lleve a la puerta principal del fuerte. Para asegurarse el dinero de la vuelta, nos da su teléfono y nos dice que nos espera a la salida en hora y media.

Junto a la ciudadela de Fahtepur Sikri se encuentra la mezquita de las mujeres. Ambos recientos son preciosos pero el acoso de guías y vendedores de baratijas se intensifica aquí. Un niño nos ofrece un ajedrez en una cajita de madera y empieza pidiendo 20 dólares; acabo comprándoselo por 6 euros con la esperanza de que nos deje tranquilos un rato. Nada más lejos. Al ver que he comprado algo empiezan a venir más niños con más baratijas y amenazo con avisar a un policía. Ni caso, qué pesadilla. Al final, en un acto desesperado, acaban ofreciéndome otro ajedrez por 3 dólares. Salimos y nos subimos al rickshaw que ya estaba esperándonos. El conductor no para de insistir en que paremos a comprar algo de comida o bebida. Es agotador. Por fin salimos hacia Agra.

Conforme nos acercamos a la ciudad parece que la pobreza da una tuerca de vuelta más. Seguimos dirección puerta este del Taj Majal y llega un momento en que no podemos avanzar más porque hay un control policial. Nuestro hotel se encuentra un poco más adelante. Aún así nos colamos con el coche y llegamos hasta otro control policial. Ahí nos hacen señas para que demos la vuelta y mientras decidimos como encontrarnos al día siguiente, el policía se pone bravo y se encara con Khandilla. Casi le atiza con el palo. Allí mismo nos bajamos y nos subimos en un ciclorickshaw hasta el hotel. Nos enseñan dos habitaciones y nos quedamos la del agua caliente. Nati dice que huele a meado y me suelta que por favor le pida al dueño si tiene ambientador! Nos partimos de la risa semejante ocurrencia y encendemos incienso para purificar la habitación.
Durante la cena me doy cuenta que he olvidado la cámara de fotos en el coche. Justo al día siguiente vamos a ver el Taj así que necesito recuperarla a toda costa. Llamamos a Khandilla y le hacemos venir. Gracias a Shiva podré fotografiar el templo del amor.

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