Salimos en coche hacia Agra y a media mañana nos desviamos hacia un pueblecito llamado Abhaneri, donde nuestro chófer tiene un amigo. Nada más llegar se nos acerca un guía supuestamente oficial y documentado con un folio con sus datos y foto y nos pide 100 rupias por la visita. Rehusamos de sus servicios. Entramos en el recinto del templo y se nos acerca una señora harapienta y ajada que nos hace señas al grito de 'come' come'. Nos hace de guía alrededor del templo pero la pobre sólo acierta a decir los nombres de los dioses tallados en la piedra al tiempo que señala con el dedo: Shiva, Govind, Gopala, Rhama... Al finalizar la curiosa visita 'guiada' nos pide dinero y le doy 10 rupias. Hace un gesto de desaprobación con la cabeza y subo mi oferta a 20.
Justo al lado del templo está el palacio ciudadela. Entonces aparece el amigo de Khandilla y me hace de guía. Nati no aguanta el calor y se queda a la sombra. Yo quedo impresionado por la belleza y espectacularidad del sitio. El chico me explica que un rey mandó construir el palacio para abastecerse de agua pero un día las aguas del río comenzaron a cambiar su curso y ante la sequía tuvieron que abandonar el lugar. Al salir me dice que le pague lo que estime conveniente y le doy 50 rupias. En seguida nos vemos rodeados por un grupo de niños pidiendonos jabón.
Continuamos en coche durante más de una hora atravesando el medio rural, para acabar saliendo a una carretera más transitada. Al atardecer llegamos a Fthepur Sikri y comienza el bombardeo de ofertas de restaurante, rickshaw, guías, etc. Como en todos los enclaves turísticos, no se puede llegar hasta la puerta en coche así que nos vemos obligados a subirnos en un tuk-tuk que parece que se cae a pedazoa. Nos ofrece llevarnos a un restaurante y nos lleva por un camino de mala muerte hasta una casa en la que no hay ni un alma. Le decimos que dé media vuelta y nos lleve a la puerta principal del fuerte. Para asegurarse el dinero de la vuelta, nos da su teléfono y nos dice que nos espera a la salida en hora y media.
Conforme nos acercamos a la ciudad parece que la pobreza da una tuerca de vuelta más. Seguimos dirección puerta este del Taj Majal y llega un momento en que no podemos avanzar más porque hay un control policial. Nuestro hotel se encuentra un poco más adelante. Aún así nos colamos con el coche y llegamos hasta otro control policial. Ahí nos hacen señas para que demos la vuelta y mientras decidimos como encontrarnos al día siguiente, el policía se pone bravo y se encara con Khandilla. Casi le atiza con el palo. Allí mismo nos bajamos y nos subimos en un ciclorickshaw hasta el hotel. Nos enseñan dos habitaciones y nos quedamos la del agua caliente. Nati dice que huele a meado y me suelta que por favor le pida al dueño si tiene ambientador! Nos partimos de la risa semejante ocurrencia y encendemos incienso para purificar la habitación.
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