jueves, 19 de febrero de 2009

Varanasi - वाराणसी 07 de marzo de 2008

Como era previsible he pasado una de mis peores noches desde que llegamos, sin poder respirar a causa de la bronquitis. Nati quiere que visite a un médico de la zona pero eso nos haría perder mucho tiempo. Decido llamar a Manu un poco más tarde para preguntarle cuál de los medicamentos que he traido puedo tomar. Nos metemos en el coche y Khandilla nos informa que sólo nos va a a llevar hasta la ciudad de Satna para que cojamos un tren. Nos ha caido como un jarro de agua fría ya que el acuerdo con Manoj era llegar en coche hasta Varanasi. Después de discutir un rato nos ponemos en camino y a la espera de poder hablar con su jefe o con Manoj en España.

La distancia hasta Satna es relativamente corta y para llegar hay que atravesar un parque nacional de exuberante belleza. Constantemente nos cruzamos con camiones Tata decorados con motivos variopintos. No es extraño encontrarse de vez en cuando con vehículos accidentados en la carretera, prueba de la temeridad con que conducen algunos.
Al llegar a Satna el chófer nos comunica que su jefe, Mina, no quiere que nos lleve hasta Varanasi. Volvemos a discutir y le convencemos para que continúe la marcha a cambio de más dinero. Seguimos pues e la carretera. Sin duda ésta va a ser una de las jornadas más duras del viaje, con casi 10 horas de coche por carreteras infames, que constantemente pierden su nombre para convertirse en caminos rurales. Hacia las 6 de la tarde empezamos a acercarnos a Varanasi (Benarés) y la pobreza nos ofrece su cara más amarga. En un momento dado no he podido contener las lágrimas y he roto a llorar durante un buen rato, liberando así una opresión que llevaba en mi interior desde hacía varios días ya. Me siento aliviado aunque la entrada a la ciudad ofrece un espectáculo indescriptible, con un tráfico infernal y avenidas inmensas cuyas aceras sirven de hogar a miles de personas donde el único cobijo es un plástico sujetado por tablas de madera. Decidimos intentar llegar a la pensión que más cerca está de la estación de trenes ya que no podemos acceder en coche hasta la misma orilla del Ganges, que es donde tenemos la pensión reservada. Después de preguntar muchas veces conseguimos encontrarla y ofrecemos a Khandilla la posibilidad de alojarse pagando nosotros la habitación. Aunque la pensión goza de buen prestigio en las guías, la única habitación que nos pueden ofrecer dista mucho del comfort que esperábamos. Es la gota que colma el vaso de un día durísimo y tenemos los nervios a flor de piel. Salimos a la terraza a cenar y decidimos mudarnos a la mañana siguiente nada más levantarnos. Después de cenar, Khandilla se ha despedido de nosotros con un abrazo. Será la última vez que le veamos, pues marchará de vuelta a Jaipur muy temprano por la mañana. Le hemos dado 50 € extra por traernos.

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