Nati ha salido a primera hora de la mañana a llamar a sus amigos desde un ciber. Al rato ha vuelto muy emocionada porque sus amigos de la ong se encuentran esos días en Varanasi. Recogemos nuestras cosas y bajamos a la recepción de la pensión. Nos han hecho tantas preguntas que parecía el tercer grado. Nos vamos un poco molestos y en la puerta tomamos un ciclorickshaw dirección a Chaussati Ghat, aunque nos da la impresión de que el conductor no nos ha entendido muy bien. Despues de callejear cargados como mulas nos ha dejado al borde del Ganges en un Ghat donde no hay ni rastro de pensiones ni turistas. En seguida nos damos cuenta de que es Assi Ghat, que queda bastante lejos de Chaussati. Pero en cuestión de transportes no hay que alarmarse en este país. A los pocos segundos aparece un tal Sr Papu, un remero que, previo pago de 120 rupias regateadas, se ofrece a llevarnos en barca a nuestro destino, disfrutando además de un paseo matinal por el sagrado Ganges. La verdad es que nos ha dejado muy cerca de la pensión, y decía que no podía avanzar más porque a partir de cierto punto cesaba su radio de acción y debía pagar una tasa. Es como las zonas de los taxis pero aplicado al mundo fluvial gangiano. En la recepción del hotel nos han tratado muy bien y nos han enseñado varias habitaciones. Nos quedamos con una que tiene balcón en primera línea del Ganges por 600 rupias, aunque no se puede salir porque está atestado de mosquitos.
Una vez instalados salimos a pasear por el Chowk. Es increíble, cualquier espacio minúsculo es aprovechado como tienda para vender cualquier cosa. Los Ghats están abarrotados de gente consagrada a sus rutinas diarias: abluciones, rezos, aseo personal, lavado de ropa... Seguimos caminando y por fin encontramos la pension del amigo de Nati. Nos vamos a comer. La ciudad está atestada de vacas y bueyes y hay que ir sorteandolos.
después de comer nos acercamos al ghat crematorio. En todo momento a 4 ó 5 piras funerarias ardiendo y leña apilada por todas partes. Oimos tambores y al momento vemos una familia bajando a su difunte en una parihuela. La escena adquiere un misticismo indescriptible: los olores, la música, los fuegos fatuos. Todo adquiere una dimensión fantasmagórica.
Seguimos caminando y vemos unos chicos haciendo pesas en uno de los ghats. Lo hacen con una piedra grande ensartada en un palo, que hacen girar con los brazos alrededor de su cuerpo. Uno de ellos me saluda fervorosamente y me pide que le haga fotos en 4 ó 5 posturitas diferentes. Me pregunta si las puedo revelar para que se las dé al día siguiente y le xplico que va a ser complicado. Pregunto a Fran si conoce algún sitio donde se puedan revelar fotografías digitales y me dice que sí, así que vuelvo a buscar al chico, que se llama Gudu, y le digo el nombre de nuestra pensión para que venga a las 9 de la mañana.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario